(SPA) Laberinto de Terajima: Un Paseo Literario e Histórico por el Tokio Olvidado
Explora las capas ocultas de Terajima en Tokio. Este recorrido te lleva por el laberinto de calles de Higashi-Mukojima, siguiendo los pasos del escritor Nagai Kafu y descubriendo la esencia de la era Showa en un barrio donde el tiempo parece haberse detenido.
Esta es una crónica de viaje histórica y una guía de paseo por Terajima, un rincón oculto en el distrito de Sumida, Tokio, hoy conocido como Higashi-Mukojima. A través de sus callejones laberínticos, explora las huellas literarias de Nagai Kafu y la arquitectura de la era Showa, ofreciendo a los lectores una perspectiva profunda sobre la nostalgia, el arte local y la resiliencia de este antiguo barrio.

Al este del río Sumida, en el actual distrito de Sumida, se extiende un barrio que pocos guías mencionan: lo que durante siglos se llamó Terajima-cho y hoy se reparte entre Higashi-Mukojima y Hachijo. No es un lugar de grandes monumentos ni de multitudes. Es, sin embargo, uno de los mejores ejemplos de cómo Tokio se construyó por capas: un palimpsesto vivo donde cada época dejó su huella en el suelo, los templos, los callejones y los parques.
Caminar por sus calles permite leer la historia de la ciudad no como un relato lineal, sino como cinco estratos superpuestos: desde el medievo hasta la posguerra. Cada capa revela algo esencial sobre el carácter de Tokio: su capacidad para transformar el margen en centro cultural, para reinventarse tras catástrofes y para guardar memoria en detalles pequeños. A continuación, las cinco lecciones más sorprendentes y contraintuitivas que ofrece este barrio olvidado.
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Los templos no fueron solo lugares de culto: fueron las primeras empresas urbanísticas de Japón
Antes de que existiera el nombre “Terajima”, esta zona era un delta inestable de islas de arena y pantanos. Dos templos compitieron por reclamarla: el Hōsen-ji, fundado por el guerrero Kasai no Saburō Kiyoshige (siglo XII), y el Renge-ji, vinculado al clan Hōjō. Ambos relatos se conservan en el Shinpen Musashi Fudoki Kō y muestran algo inesperado: en el Japón medieval, los templos actuaban como pioneros del desarrollo. Organizaban obras hidráulicas, legalizaban tierras y convertían terrenos baldíos en unidades fiscales.
Cuando los Tokugawa llegaron al poder, el territorio pasó a ser feudo de la familia Taga y luego “tenryō” (tierra directa del shogunato). Hoy, el Hōsen-ji sigue en pie en Higashi-Mukojima 3-chōme 8 y el antiguo emplazamiento del Renge-ji es una escuela. Caminar entre ellos es entender que la religión japonesa siempre fue también una herramienta de orden territorial. Revela por qué el este del Sumida se convirtió en el “otro lado” de la ciudad: un espacio donde el poder central experimentaba antes de aplicarlo al centro.

La berenjena más famosa de Edo no era grande ni bonita: era pequeña, dura y llegaba en barco al amanecer
Durante la reforma Kyōhō (1716-1736), Terajima se transformó en la huerta oficial de Edo. Su estrella era la tsuruboso sennari (berenjena “mil frutos de tallo fino”): fruto del tamaño de un huevo, piel morada oscura, carne compacta y piel resistente al transporte fluvial. El shogun Tokugawa Ietsuna tenía un huerto privado junto al templo Mokubō-ji (el “Gozensaihatake”) donde se cultivaba exclusivamente para su mesa.
Cada mañana, los agricultores cargaban las berenjenas en barcas llamadas ta-bune y las llevaban por el Sumida hasta los mercados de Kanda o Honjo. Era una logística tan eficiente que esta variedad temprana marcaba el ritmo del verano en la ciudad. Su desaparición tras el terremoto de 1923 y su recuperación en 2009 gracias a un NPO local muestran algo poderoso: la nostalgia urbana puede revertir la destrucción. Hoy, una estatua del personaje Terajima Nasu no Suke espera frente a la estación de Higashi-Mukojima, recordando que la comida también es historia.

El primer “parque público” de Japón no lo creó el gobierno: lo crearon un comerciante y sus amigos artistas
En 1804, en plena cultura chōnin (ciudadana), el anticuario retirado Sawara Kikū compró 3000 tsubo de tierra en el antiguo feudo de la familia Taga y, en lugar de contratar jardineros profesionales, invitó a artistas como Sakai Hōitsu, Ōta Nanpo y Hagiwara Kiku. Juntos diseñaron el Hyakka-en (Jardín de las Cien Flores), plantando 360 ciruelos y las “siete hierbas del otoño” inspiradas en la poesía clásica.
A diferencia de los jardines de los daimyo del oeste —cerrados y grandiosos—, este era abierto, barato y pensado para el placer compartido. Incluía un recorrido de los Siete Dioses de la Fortuna del Sumida y casas de té que servían verduras del huerto. En 1938 pasó a ser propiedad municipal; en 1945 fue destruido por los bombardeos y reconstruido. Hoy sigue siendo uno de los pocos espacios de Tokio que conserva el espíritu Edo. Pasear por sus senderos al atardecer, mientras la familia actual de Sawara atiende la casa de té, es sentir cómo la estética dejó de ser privilegio de la élite.

El barrio rojo más caótico de la posguerra se convirtió en el último refugio literario contra el militarismo
Tras el terremoto de 1923, las prostitutas no autorizadas se desplazaron al norte de Terajima y crearon Tamanoi: un laberinto de callejones estrechos (rabi-ranto), casas con mosaicos coloridos y carteles que decían “Se puede pasar” o “Atajo al autobús Keisei”. El escritor Nagai Kafū lo recorrió obsesivamente y en 1937 publicó Bokutō kitan (Relato de la orilla este), una de las crónicas más precisas de la vida marginal de Tokio.
En plena década de 1930, cuando Japón se militarizaba, ese desorden se volvió acto de resistencia: un espacio donde aún era posible vivir la libertad Edo. Kafū dibujó mapas en su diario para que el lector pudiera seguir sus pasos. Después de la ley antiprostitución de 1958, Tamanoi desapareció como barrio rojo, pero sus callejones estrechos y restos de mosaicos siguen entre Higashi-Mukojima 5-chōme y Sumida 3-chōme. Caminar por ellos es entender que, a veces, el caos urbano es la última forma de libertad.

Una sola finca pasó de exilio diplomático a fábrica de bakelita en menos de cien años
En 1858, el diplomático Iwase Tadanari —firmante del tratado con Estados Unidos— fue castigado por el shogunato y se retiró a una villa junto al Sumida llamada Kīun-en. Allí creó un jardín de marea (shio-iri) y escribió bajo el seudónimo “Gosho”. Después fue residencia de Sanjō Sanetomi, luego casa de Kōda Rohan y, en la era Taishō, la empresa Sankyō (hoy Daiichi Sankyō) la convirtió en la primera fábrica japonesa de baquelita.
Un solo terreno de 500 tsubo condensó diplomacia, política Meiji, literatura y la primera industrialización química. Hoy es parte del Shirohige Park, donde una estela en el santuario Hakushige recuerda a Iwase. Este palimpsesto extremo muestra la lógica implacable del desarrollo japonés: nada es eterno cuando el capital y la urgencia moderna entran en escena.

Pequeñas joyas ocultas que no aparecen en las guías
Mientras recorres Higashi-Mukojima, detente en el Jardín Hyakka-en (todavía con su casa de té familiar) y en los callejones de Tamanoi, donde aún sobreviven fragmentos de mosaicos de los años 30. También vale la pena el santuario Tamanoi Inari, conocido como “Inari de los pobres”, que sigue siendo centro de la memoria popular.
Conclusión: el margen como espejo de la ciudad
Las cinco capas de Terajima-cho —religiosa, agrícola, estética, marginal y industrial— nos recuerdan que los verdaderos centros históricos de Tokio no siempre estuvieron en el oeste palaciego. El este del Sumida fue el laboratorio donde se probaban ideas, se cultivaba comida, se creaba belleza accesible, se buscaba libertad y se aceleraba la modernidad.
En una ciudad que tiende a la uniformidad, estos estratos superpuestos nos invitan a una observación lenta: mirar no solo los edificios, sino el suelo bajo nuestros pies, los carteles descoloridos, las plantas que resisten y los nombres que desaparecieron de los mapas pero no de la memoria.
Porque entender una ciudad no consiste en ver sus highlights, sino en caminar sus palimpsestos y aceptar que cada paso pisa varias épocas a la vez.
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Cómo llegar y moverse
- Tren: línea Tobu Skytree o Keisei hasta estación Higashi-Mukojima.
- A pie: desde la estación, sigue el río Sumida hacia el norte (15 minutos hasta el Hyakka-en) y luego hacia el este por los callejones de Tamanoi.
- Recomendación cercana: combina la visita con un paseo por el Sumida Park o un crucero corto por el río para ver cómo el agua sigue uniendo todas las capas.
Q & A
¿Qué papel jugaron los intelectuales en la creación del jardín Mukojima Hyakkaen?
Los intelectuales desempeñaron un papel fundamental y directo en la creación del jardín Mukojima Hyakkaen, ya que este espacio no fue diseñado por paisajistas profesionales, sino por la élite cultural de Edo de principios del siglo XIX.
De acuerdo con las fuentes, su intervención se manifestó de las siguientes maneras:
- Planificación colaborativa y conceptualización: El fundador, el comerciante de antigüedades Sawara Kikuu, invitó a destacados intelectuales y artistas de la época —como el maestro de la escuela Rimpa Sakai Hōitsu, el escritor Ōta Nanpo y el poeta de haiku Takarai Kikaku— para que participaran activamente en la planificación del jardín.
- Asignación del nombre: Fue Sakai Hōitsu quien bautizó el lugar como "Hyakkaen" (Jardín de las Cien Flores), basándose en la alusión clásica de que "la flor del ciruelo es la líder de las cien flores". Inicialmente, el jardín contaba con 360 ciruelos.
- Curaduría botánica con base literaria: Siguiendo las sugerencias de estos intelectuales, se seleccionaron plantas con un fuerte significado literario, como las "Siete hierbas de otoño" (Aki no nanakusa), inspiradas en obras de la literatura clásica japonesa como el Man'yōshū.
- Creación de redes culturales y religiosas: Estos mismos intelectuales colaboraron en el diseño de la ruta de peregrinación de los "Siete Dioses de la Fortuna de Sumidagawa", estableciendo al jardín Hyakkaen como el punto de culto para la deidad Fukurokuju. Esto integró el paisajismo con las prácticas sociales y religiosas de la época.
En resumen, la participación de estos intelectuales permitió que el jardín se transformara en un salón cultural privado que promovía una "democratización estética", diferenciándose de los jardines de los señores feudales (daimyo) por su enfoque en la libertad intelectual y la sensibilidad artística ciudadana.
¿Cómo influyó el terremoto de 1923 en la transformación de Terajima-cho?
El Gran Terremoto de Kanto de 1923 representó el punto de inflexión definitivo (parteaguas) en la historia de Terajima-cho, marcando su transición de una zona agrícola y de villas de descanso a un distrito densamente poblado, industrial y urbano.
De acuerdo con las fuentes, el impacto del terremoto se manifestó en las siguientes transformaciones:
1. Urbanización acelerada y cambio demográfico
Tras el sismo, las zonas centrales de Tokio (como Asakusa) quedaron gravemente destruidas. Esto provocó un flujo masivo de población hacia la orilla este del río Sumida, buscando refugio y nuevos asentamientos. Como consecuencia:
- En 1923, el estatus administrativo cambió de "pueblo" (Terajima-mura) a "ciudad" (Terajima-cho), lo que formalizó su rápida urbanización.
- Las tierras de cultivo fueron convertidas rápidamente en terrenos residenciales para albergar a los nuevos habitantes.
2. Desaparición del paisaje agrícolaLa famosa agricultura de la zona, especialmente el cultivo del Berenjena de Terajima, llegó a su fin debido al desarrollo inmobiliario post-terremoto. La necesidad de espacio para viviendas enterró literalmente el pasado agrícola de "la cocina de Edo" bajo el asfalto del nuevo desarrollo urbano.
3. Surgimiento de nuevos distritos sociales (Tamanoi)El terremoto alteró la geografía del entretenimiento en Tokio. Al quedar destruidos los barrios tradicionales, las actividades de prostitución privada se desplazaron hacia el norte de Terajima-cho. En una zona de antiguos arrozales, se formó el barrio de Tamanoi, caracterizado por un laberinto de calles estrechas (conocido como Rabi-lanto) que creció sin una planificación urbana sistemática. Este espacio se convirtió en un refugio cultural y marginal que más tarde inmortalizaría el escritor Nagai Kafū.
4. Transformación en centro industrialEl periodo posterior al terremoto consolidó el papel de Terajima-cho como un engranaje industrial de la economía de Tokio. Un ejemplo emblemático fue la transformación de la quinta "Kiun-en", que pasó de ser un elegante jardín de diplomáticos y literatos a convertirse en la primera fábrica de resina sintética (baquelita) de Japón operada por la compañía Sankyo.
5. Resiliencia y reestructuración del espacioAunque el terremoto destruyó el orden previo, la reconstrucción generó una estructura urbana híbrida donde coexistían fábricas, viviendas y callejones intrincados. Esta resiliencia definió la identidad del área hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando un nuevo desastre (el Gran Bombardeo de Tokio de 1945) volvería a borrar sus características físicas, obligando a una nueva reconstrucción sobre los restos de la era post-terremoto.
Referencias y lecturas adicionales
- 寺島と柳島 隅田川が育んだ村の伝承 墨田区公式ホームページ, accessed April 8, 2026,
- 寺島町 - accessed April 8, 2026,
- 向島百花園 - accessed April 8, 2026,
- 旧町名 東京市向島區寺島町 - 歩・探・見・感, accessed April 8, 2026,
- 寺島-子育地蔵・旧墨堤 - FC2, accessed April 8, 2026,
- 寺島なす復活プロジェクト - てらたま, accessed April 8, 2026,
- 江戸の記憶を今に。幻の「寺島ナス」が彩る豊かな食卓と心繋がる ..., accessed April 8, 2026,
- 寺島ナス | 東京農業歴史めぐり, accessed April 8, 2026,
- すみだ地域学情報 - 墨田区, accessed April 8, 2026,
- 向島百花園|公園へ行こう! - 東京都公園協会, accessed April 8, 2026,
- 向島百花園 ご案内パンフレット – 東京観光デジタルパンフレットギャラリー(TOKYO Brochures), accessed April 8, 2026,
- 佐原鞠塢(すみだゆかりの人物を紹介します) - 墨田区立図書館, accessed April 8, 2026,
- 向島百花園① - 歴史探訪と温泉 - FC2, accessed April 8, 2026,
- 東京都の歴史散策(妙見山別院、勝海舟像、藤田東湖「天地正大気」の漢詩碑、榎本武揚像…), accessed April 8, 2026,
- 服との対話を生む場所。『モードの悲劇』を訪れて|すみだ向島EXPO NOTE, accessed April 8, 2026,
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- vol.63 永井荷風「濹東綺譚」を読んで|西野 友章 - note, accessed April 8, 2026,
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- 「白ひげ神社」は、墨田区内ではここだけ? - 荷風の すみださんぽ, accessed April 8, 2026






