(SPA) Paseo Histórico por Choi Hung Estate – Los Colores Claroscuros de un Icono de Hong Kong en Extinción
Descubre la historia detrás de las paredes arcoíris de Choi Hung Estate. Esta guía de viaje captura la herencia comunitaria, la arquitectura de mediados de siglo y los recuerdos de este icónico complejo de viviendas de Hong Kong antes de su próxima remodelación.
Esta es una historia de viajes culturales y una guía de senderismo urbano por Choi Hung Estate, uno de los conjuntos de vivienda pública más antiguos e icónicos de Hong Kong. A través de una ruta nostálgica bajo sus famosas fachadas arcoíris, explora la herencia comunitaria, la arquitectura moderna de mediados de siglo y la vida cotidiana de un barrio que enfrenta una futura demolición. Los lectores obtendrán una perspectiva histórica profunda sobre cómo la vivienda social moldeó la identidad del Hong Kong moderno.
El lugar que les presento hoy tiene un significado especial para mí porque trabajé aquí durante ocho años.
Etiqueta de título: Choi Hung: sesenta años bajo el arcoíris, antes de la demolición Meta descripción: Antes de que lleguen las excavadoras, una crónica del pueblo enterrado, las fotografías de la Guerra Fría y el escándalo del concreto en el barrio más fotografiado de Hong Kong. Extracto: Choi Hung no es un decorado para fotos. Es un campo de arroz borrado, un sistema de colores improvisado y una herida estructural que nadie curó durante treinta años — y ahora todo eso tiene fecha de demolición.
Hay una manera de caminar por Choi Hung que no tiene nada que ver con fotografiarlo. Es notar que el suelo bajo los pies tuvo otro nombre — Sha Tei Yuen, el jardín de arena — y que de ese nombre no queda nada, salvo en la memoria de los vecinos suficientemente viejos para haberlo visto desaparecer. Lo que se levanta hoy son once torres pintadas de colores que un comité de planificación eligió para disfrazar un desalojo como un acto de belleza. De eso trata esta crónica: no del barrio como espectáculo para redes sociales, sino del barrio como palimpsesto — una superficie escrita y reescrita, cuyo texto anterior todavía puede leerse si uno sabe mirar el terreno de abajo.
Caminar hoy por Choi Hung, seis años antes de que comience la primera fase de demolición, es caminar por una estructura que ya sobrevivió a los arrozales que reemplazó, a los diplomáticos que se fotografiaron dentro de ella, y casi al escándalo que decidió, en silencio, qué barrios vecinos vivirían y cuáles serían derribados. Todavía no ha sobrevivido a la vigilancia cotidiana y muda de sus propios vecinos sobre lo que hay dentro de su concreto. Esta crónica intenta sostener todo eso a la vez, antes de que la fachada se repinte una última vez — o desaparezca del todo.
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I. Lo que dejó la lluvia
En 1957, el gobierno colonial expropió terrenos en Sha Tei Yuen, uno de los Trece Pueblos de Kowloon, para un proyecto de vivienda pública. Para 1960, el asentamiento agrícola había sido despejado por completo; sus habitantes se dispersaron, y sus nombres y destinos no figuran, en su mayoría, en ningún archivo que haya podido localizar. Entre 1962 y 1964 se levantaron once bloques por etapas, con capacidad para unas 43.000 personas — el mayor proyecto de vivienda pública que Hong Kong hubiera intentado hasta entonces. El 18 de diciembre de 1963, el gobernador Robert Black presidió la inauguración bajo lo que hoy es el edificio Kam Bik, y los vecinos se reunieron a ver cortar una cinta sobre un terreno que, semanas antes, había sido el campo de alguien.
El nombre que se le dio al nuevo barrio — Choi Hung, "arcoíris" — proviene, según cuentan los vecinos más antiguos, de un fenómeno que aún describen: después de la lluvia, la luz del sol al chocar contra el puerto proyectaba un arco ancho e inusualmente vívido sobre los arrozales de Sha Tei Yuen. Los arquitectos pintaron los once bloques con los colores correspondientes. Es, a su manera, una pequeña obra maestra de narrativa administrativa: un desalojo forzoso, rebautizado para siempre como una bendición meteorológica.
Indicio sensorial holográfico: el último cielo despejado sobre Sha Tei Yuen antes del desalojo de 1960 — tierra húmeda y maquinaria oxidada en el mismo aliento de aire; la luz del sol quebrándose baja sobre el agua estancada, proyectando un arco de color breve y desmedido sobre tejas a punto de ser derribadas; el golpe sordo de herramientas contra ladrillo en algún lugar fuera de vista, y pájaros levantando el vuelo todos a la vez.
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Lo que el feng shui explica en realidad
Conviene ser precisos aquí, porque sería fácil — y equivocado — apelar a un misticismo genérico y llamarlo hallazgo. El marco propio de este terreno no es una energía abstracta en general, sino la cosmología popular cantonesa de los Cinco Elementos y sus cinco colores correspondientes (madera-verde, fuego-rojo, tierra-amarillo, metal-blanco, agua-negro), un sistema en el que el color nunca fue decoración, sino una tecnología para imponer orden legible sobre un terreno inestable. El esquema de siete colores de Choi Hung proviene del espectro óptico occidental, no de la doctrina de los Cinco Elementos — el expediente de investigación es explícito en que no hubo aquí una invocación deliberada de esa cosmología. Y sin embargo el barrio reproduce su lógica subyacente con una fidelidad sorprendente: una escala cromática continua que otorga identidad a cada bloque, el color funcionando como declaración pública de que el orden ha llegado a este suelo.
El barrio se asienta además, ya sea por diseño o por la simple geografía de Kowloon, en el arreglo clásico cantonés de montaña detrás y agua delante — Lion Rock y Fei Ngo Shan elevándose a sus espaldas, la antigua pista de Kai Tak y el puerto Victoria extendiéndose al frente. Es la disposición leída tradicionalmente como estable, protegida, auspiciosa. Vale la pena detenerse en el hecho de que esta geometría auspiciosa se ensambló directamente sobre un paisaje del que acababan de desplazar a sus habitantes. El color, aquí, funciona menos como ornamento que como una suerte de reparación psicológica colectiva e inconsciente — una manera de hacer que una herida parezca, desde lejos, un cuento popular sobre el clima.

II. La Guerra Fría quiso una fotografía de esto
En 1964, el entonces vicepresidente de Estados Unidos, Richard Nixon, entró a Choi Hung de traje y jugó bádminton con los vecinos. En 1966, la princesa Margarita recorrió el barrio. En 1980, el gobernador Murray MacLehose, acompañado por Sir Run Run Shaw, llevó a la princesa Alejandra a inspeccionar las instalaciones de la Cruz Roja del barrio. En apenas dos décadas, este complejo de vivienda para desplazados se convirtió en un escenario improbable para la puesta en escena del gobierno colonial ante un público global.
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La memoria local lee esto de otra manera que el registro diplomático. En el imaginario popular cantonés, un desfile de visitantes distinguidos señala tradicionalmente que la fortuna de un lugar — su qi — corre fuerte; se dice que los visitantes de peso son atraídos hacia donde se concentra el aliento del dragón. Que dos sistemas explicativos completamente distintos — las relaciones públicas de la Guerra Fría y el augurio popular — puedan producir el mismo hecho observable, visitantes distinguidos llegando una y otra vez al mismo barrio, sin que uno refute al otro, es exactamente el tipo de coexistencia estratificada que este terreno parece generar por naturaleza.
Un nodo de resonancia que vale la pena encontrar: bajo el edificio Kam Bik, un restaurante del mismo nombre opera sin interrupción desde 1943 en Ngau Chi Wan, y se trasladó al barrio cuando este se construyó. La cancha de bádminton ya no existe. Los dignatarios ya no están. Pero las mesas aquí siguen puestas cada día para vecinos que eran niños cuando Nixon pasó por ahí — y es aquí, más que en cualquier muro pintado, donde la distancia entre aquella década y esta se reduce casi a nada.

III. Lo que el mar dejó en el concreto
Voy a escribir esta sección sin el vocabulario que usé antes, porque creo que emplearlo aquí sería una forma de evasión. A comienzos de los años ochenta se descubrió que los edificios públicos de todo Hong Kong estaban desprendiendo concreto de sus fachadas. Investigaciones realizadas entre 1983 y 1984 revelaron que algunos contratistas, para ahorrar costos, habían mezclado agua de mar directamente en el concreto; la sal aceleró la corrosión del acero de refuerzo. Algunos casos involucraron colusión documentada entre contratistas y funcionarios públicos, y la Comisión Independiente Contra la Corrupción abrió investigaciones. En 1985 se determinó que 577 barrios estaban afectados; veintiséis bloques fueron calificados tan por debajo de los estándares de seguridad que se demolieron de inmediato — el caso que Hong Kong recuerda como el escándalo de los "26 edificios problemáticos". Una segunda revisión, a fines de 1992, encontró 152 edificios más afectados. Algunos bloques de Choi Hung estaban entre ellos: resistencia de concreto por debajo del umbral requerido, pero calificados — según el cálculo que fuera que determinaba estas cosas — como no lo suficientemente graves para justificar la demolición. Sobre esa base, nunca fue incluido en un programa de reconstrucción integral. Simplemente se lo dejó, sin resolver, durante más de treinta años, hasta que la propia edad del barrio lo forzó finalmente a un calendario de reconstrucción en 2023.
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Describir esto como un desequilibrio de qi sería liberar de responsabilidad a quienes la tienen. Esto fue fraude, y fue corrupción, y hay personas a quienes se les debe llamar ambas cosas por su nombre. Lo que puedo decir, en el registro que esta sección me permite, es que Choi Hung ocupa una categoría extraña y suspendida en la memoria estructural de Hong Kong — ni reconocido como suficientemente dañado para merecer la compensación y reubicación que recibieron los veintiséis bloques demolidos, ni tampoco liberado nunca por completo del signo de interrogación que se le puso en 1992. Los vecinos han vivido tres décadas dentro de una vigilancia baja y sin palabras sobre el techo que tienen encima y el piso que pisan — una forma de trauma suspendido sin ningún ritual, religioso o de otro tipo, construido para resolverlo. El gobierno gasta hoy unos 900 millones de dólares hongkoneses anuales en el mantenimiento del barrio, una cifra que es, en sí misma, una especie de monumento a esa suspensión.

IV. Los nombres que los vecinos eligieron para sí mismos
Cuando el barrio recién se ocupó, los vecinos de cada bloque formaron comités de ayuda mutua — una forma de autogobierno vecinal propia de la cultura de la vivienda pública de posguerra en Hong Kong. Las siete calles principales del barrio — nombradas por la flor del ciruelo, la flor del naranjo, el crisantemo, el sauce, el álamo, la campanilla y la glicinia, cada una comenzando con un carácter de color correspondiente al espectro — no fueron producto de una decisión del departamento de planificación. Se negociaron entre los miembros de los comités de ayuda mutua en los primeros años del barrio.
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Nombrar, en la cosmología popular a la que pertenece este terreno, nunca fue un acto neutral; es un gesto ritual que fija el orden y asienta la fortuna de un lugar. Lo que hicieron los vecinos, lo hayan descrito así o no, fue tomar un sistema de color impuesto desde arriba y traducirlo a un vocabulario que ellos mismos podían hablar y transmitir. Es probable que nunca lo hayan enmarcado como un acto de correspondencia de los Cinco Elementos. Pero en la práctica, en el negocio ordinario del autogobierno, reescenificaron la estructura profunda de una tradición cantonesa mucho más antigua — gobernar el espacio mediante la imposición de color y nombre — dejando una firma cultural que ha sobrevivido a los propios comités. Esos siete nombres de calle permanecen, sin cambios, en cada mapa oficial y dirección postal de Hong Kong hoy.

V. Los nombres que van cerrando, uno por uno
Desde la década de 2010, las fachadas pintadas y la cancha de baloncesto en la azotea de Choi Hung se convirtieron en un improbable destino global de peregrinación fotográfica, atrayendo a veces a más de quinientos visitantes por día. Mientras tanto, el barrio superó los sesenta años de antigüedad, y los costos de mantenimiento subieron en consecuencia. En diciembre de 2023, la Autoridad de Vivienda aprobó formalmente un estudio de reconstrucción — demolición en tres fases, la primera tan pronto como en 2028, con el proyecto completo sin esperarse concluir hasta 2049. Un grupo de profesionales de la arquitectura, sin que nadie se lo pidiera, formó la iniciativa "Conservar Choi Hung" y publicó una propuesta de setenta y seis páginas. El sentir de los vecinos, sin embargo, se ha distanciado del entusiasmo de esa defensa venida de afuera — la mayoría de los residentes entrevistados expresa poca esperanza, y poco apego particular, hacia la conservación; algunos dicen sin rodeos que preferirían mudarse a viviendas nuevas cuanto antes. De los treinta y ocho comercios originales del barrio, solo doce permanecen en funcionamiento continuo, incluyendo una relojería de sesenta y un años de antigüedad que dirige su segundo propietario. Un almacén de treinta y ocho años cerró en marzo de 2024.
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Tampoco aquí voy a apelar a la cosmología. Esta es una historia sobre el choque ordinario y secular entre la política de reconstrucción y la preservación de la memoria comunitaria, y merece ser nombrada exactamente así. Lo que ocurre en Choi Hung es una carrera entre el olvido institucional y la memoria colectiva — un cronograma de demolición que avanza bajo la única lógica de la seguridad y la oferta de vivienda, y un discurso de conservación, generado en gran medida desde afuera del barrio, que intenta asegurar una calificación patrimonial sobre bases tipológicas. Los comercios cierran más rápido de lo que cualquiera de los dos procesos logra resolver.

Conclusión: lo que el color estaba cubriendo
La superficie más fácil de fotografiar de Choi Hung es también la que oculta el patrón más profundo que recorre cinco de estas seis crónicas: se trata de un experimento de gobernanza colonial en el que un orden cromático se aplicó sistemáticamente sobre una memoria agraria borrada, y nunca logró ocultar del todo la fractura estructural debajo. Desde el desalojo de Sha Tei Yuen y el arcoíris que dio nombre al barrio, hasta los comités de ayuda mutua que tradujeron un esquema de color impuesto en un lenguaje propio, Choi Hung siempre usó el orden estético para cubrir una ruptura histórica. Pero ese orden nunca cerró del todo la herida que hay debajo — desde la crisis del concreto sin resolver en los años ochenta hasta la brecha actual entre los inquilinos que se van y los conservacionistas que llegan, el barrio sigue demostrando que ninguna capa de pintura llega hasta el fondo del concreto.
Cuando este acto de contención cromática de sesenta años finalmente termine, lo que quedará serán siete nombres de calle, elegidos por vecinos que ningún libro de historia registra por su nombre, para caminos que muy probablemente sobrevivirán a los edificios junto a los que corren. La memoria histórica quizás sea el único activo que un siglo que desaparece a toda velocidad no puede digitalizar, reubicar ni repintar — razón suficiente, tal vez, para caminar aquí antes de que se levanten los andamios. Si esa es una caminata que quiere volver a hacer con nosotros, nuestras crónicas sobre los rincones que se desvanecen en este hemisferio llegan por suscripción.
Cómo llegar al nodo físico
Choi Hung se encuentra en el distrito de Wong Tai Sin, en Kowloon, a poca distancia de la Salida C4 de la estación de metro Choi Hung, en la línea Kwun Tong, junto al intercambiador Choi Hung. La cancha de baloncesto en la azotea está abierta todos los días de 7 a 23 horas; la luz de la tarde incide de manera más directa sobre las fachadas de los bloques, produciendo la saturación de color más profunda para quienes esperan ver el barrio tal como sus arquitectos pretendían que se leyera. El edificio Kam Bik y su restaurante en la planta baja permanecen abiertos a los visitantes — se pide a los fotógrafos mantener la voz baja, en respeto a vecinos que simplemente hacen su vida doméstica en lo que, para ellos, es sencillamente su casa. Con el estudio de reconstrucción ya aprobado, se recomienda a los viajeros que deseen documentar esta historia no esperar demasiado; el cercano Templo Wong Tai Sin y el distrito de Kowloon City ofrecen una variedad de hospedajes y hoteles boutique adecuados como base para un itinerario a pie más extenso por el paisaje de vivienda pública de la posguerra en Hong Kong.
Referencias y lecturas adicionales
Fuentes primarias (archivos y materiales históricos oficiales)
- 香港房屋委員會官方屋邨歷史資料;
- 黃大仙區議會文件(彩虹邨重建研究相關文件,2024年11月5日會議文件第51/2024號)。
- 香港房屋委員會網站歷史圖片檔案。
- 港政府1985年公佈之577座問題公屋官方文件;香港房屋委員會維修工程紀錄。
- 香港政府街道命名紀錄;香港房屋委員會邨務管理歷史檔案。
- 香港房屋委員會2023年12月重建研究議案文件;黃大仙區議會文件第51/2024號(2024年11月5日會議,彩虹邨重建研究——清拆及遷置建議方案)。
Materiales de nivel 2 (trabajos académicos)
- 香港公共屋邨史學研究(涉及屋建會時期公屋政策轉型之學術著作)。
- 香港殖民地時期公共關係史相關研究。
- 香港公共屋邨結構安全史學研究;廉政公署相關案例研究。
- 香港基層社區自治史(互助委員會制度研究)相關學術著作。
- 「保育彩虹邨」計劃76頁保育方案倡議書;香港戰後建築保育政策相關學術論述。
Información de nivel 3 (Información complementaria)
- 街坊口述歷史(如社企「街坊帶路」社區導師湛先生自1962年入住至今之訪談記錄);
- 「雨後彩虹」命名傳說屬集體記憶範疇,非官方檔案可直接佐證。
- 街坊口述歷史及地方媒體專題報導(如香港中通社「街坊帶路」系列)。
- 受影響居民口述歷史。
- 老街坊口述歷史(如受訪街坊「湛Sir」提及互助委員會式微前後社區參與度落差之訪談)。
- 邨內老店舖經營者及居民口述歷史(如明周文化、香港中通社「街坊帶路」等媒體專題訪談)。
史學缺口:
- 沙地園原居民的具體遷置去向及補償機制,現存公開資料著墨甚少,建議進一步查證原始檔案(如當年民政或工務部門的清拆補償紀錄)。
- 各次到訪的具體外交考量及選址決策過程,現存公開資料多止於軼事層面,建議進一步查證原始檔案(如港督府往來公文或英國外交部檔案)。
- 彩虹邨具體哪些座數、哪些樓層被列入152座問題樓宇名單,以及當年評定「情況不算嚴重」的具體工程學依據,現存公開資料語焉不詳,建議進一步查證原始檔案(如1992年覆檢報告全文及房委會內部評級文件)。
- 參與命名商議的具體互助委員會成員姓名及商議過程細節,現存公開資料未見完整記錄,建議進一步查證原始檔案(如1960年代屋邨管理處會議紀錄)。
- 三期清拆重建的具體樓宇分期名單及最終安置方案,於本檔案撰寫時仍在區議會諮詢階段,細節尚未完全公開,建議進一步查證原始檔案(房屋署最新公布之遷置時間表)。


Las fuentes de este artículo incluyen registros históricos primarios, trabajos académicos y documentos públicos de diversos niveles de la administración, con un compromiso de rigor histórico; aquellos casos que requieren una verificación adicional mediante materiales de archivo originales se han señalado en el texto. Última actualización: julio de 2026.




